Dani Rivera, atado a una cruz Andreas, espera a su castigador con los ojos vendados. El maestro, Josh Milk, se pone a trabajar en el culo de Dani con algunos golpes certeros de sus manos y su cinturón hasta que la enorme polla del cachondo se ha hinchado hasta convertirse en un semi. La perra amante del dolor gime anhelante con cada golpe. Cuando Josh tiene que mear, Dani se deja tragar el chorro, que por supuesto termina con él recibiendo una embestida de garganta profunda y una follada dura. Como recompensa por su servicio obediente recibe una carga de la baba del amo bombeada en su boca abierta.